28.6.08

Lima - La Merced

Años de años que no viajaba por la Carretera Central, cruzando el Ticlio, al interior del país. Ahora, con motivo de la visita de mi hermano de Suiza, tuve la oportunidad. El viajó unos días antes y nos íbamos a encontrar en La Merced.

La sala de espera de la Empresa "Junín" es una ex-discoteca. La salida estaba programada para la 8:40. Pero el bus no salió hasta después de las 9. Parece que la mayoría de los pasajeros sabía eso, de modo que cuando llegué al terminal, estaba completamente sola y pensaba que me había equivocado de lugar.



Salir de Lima por, La Parada, El Agustino y luego, Ate Vitarte, es siempre una experiencia pesadillesca.






Ya por Ñaña el clima cambia y la neblina se va esfumando, revelando un cielo azul y el aire huele a humo, tierra seca y eucalipto. Después de Chosica, la carretera empieza a subir cada vez más escarpadamente, el aire se enrarece y las mucosas se secan, mientras el valle se va estrechando más y más, cortado verticalmente por la mitad en sol y sombra, hasta que se deja atrás los últimos árboles y campos y el bus asciende por una zona de otro mundo, entre picos desnudos, colorados, morados y blanqui-negros, bajo un cielo bárbaramente azul.
















Y cuando menos cuenta te das, estás en el Ticlio, a 4790 m sobre el nivel del mar, rodeado de picos nevados y lagunas de un azul indecible.



Poco más allá, empiezan las minas de La Oroya, el lugar más contaminado del Perú. Es un paisaje de fin del mundo, de Mad Max, los cerros, la tierra parecen lavados con ácido, perforada por heridas y úlceras purulentas. Antes del desvío a la ciudad minera, el bus para en un restaurante de carretera, donde los pasajeros devoraron rápidamente un caldo de cordero y bistec con papas, antes de seguir viaje hacia Tarma, una simpática ciudad andina a 3000 m. 









Y de ahí, siempre en descenso, hacia La Merced, en la ceja de selva. Nuevamente cambia el clima, la vegetación se hace cada vez más tropical, el aire más húmedo y retazos de niebla flotan sobre el valle verde a reventar. Y percato con placer ese olor cálido que desde la infancia se me ha grabado en la memoria como "el olor de la selva". Al anochecer llegamos al terminal de la capital del Chanchamayo. Reclamo mi mochila y subo caminando por una escarpada calle a lo largo de hileras de puestos de comida y tiendas de abarrote y electrodomésticos, hacia la Plaza Mayor. Me alojé en el primer hotelito que tenía pinta más o menos decente, en una habitación con ventana hacia la plazar con su iglesia y su municipalidad,, sin tomar en cuenta el infernal ruido de los mototaxis que circulaban como insectos enfurecidos alrededor de la plaza. Ya se calmarán, pensé. Cuánto me equivocaba.






16.6.08

Pachacámac otra vez

















La campiña de Pachacámac, siempre sorprendente, considerando la cercanía de Lima. Hasta salió el solcito y los campos fértiles relucieron con sus sembríos novísimos en los más tiernos verdes, acariciando mi alma ya invernal. Caminé por caminos que no conocía, desviándome tanto, que terminé perdida, hasta que un señor en su moto me ofreció llevarme de regreso al pueblo. El hombre resultó ser un traficante de terrenos, o algo por el estilo. Es decir, un agente de la lenta pero imparable destrucción de esta bella campiña, que en nombre de gigantescas empresas van comprando las tierras agrícolas para revenderlas como terrenos de construcción. 

3.6.08

Cruce

Los cruces de caminos son otro tema fascinante. Aquí, en el cruce de la carretera a Pachacámac y la antigua Panemericana. Hay una variedad de murales y muros empapelados que contrastan llamativamente con el color uniformemente sucio del entorno. Como puede apreciarse, no es menester realizar el tortuoso viaje hasta Machu Picchu. Si lo tenemos a nuestro alcance a sólo media hora de Lima...Es más, toda la historia del Perú se reúne, mal que bien, aquí, en este anodino cruce de carreteras.












Paradero

Esta serie la tomé desde la combi en el paradero del pueblo de los chicharrones, pasando el cementerio.







Saliendo de Lima

Saliendo nuevamente de Lima por la Panamericana Sur: los tristes suburbios con sus toques chicha, los carteles de invierno (es decir, sin anuncios), las semi-ruinas, las semi-construcciones, los muros sin fin, los talleres sin nombres y los paraderos en medio de la nada - todo lo que conforma este inmenso no-lugar que es "las afueras de la ciudad", cubierto por una mugre entre parda y negruzca. A la altura de Mama Cona se abre el horizonte, y hasta el cielo sobre el inmenso mar parece volverse más claro...












2.6.08

15x100

Ha sido estrenada la página del colectivo de fotógrafos 15x100, a la que he sido invitada como miembro por Struan Onglanby, fotógrafo, diseñador gráfico, instigador, creador e incansable capitán de este navío en el proceloso océano de la world wide web.
Durante los últimos meses hemos tenido la oportunidad de ir conociéndonos y de participar activamente en la construcción de la página, a través de un foro - un proceso que todavía no termina - y con énfasis en la palabra "colectivo". Han sido, sin duda, unos meses de conversación y discusión acalorada que ha abierto el horizonte.
(Los miembros están listados alfabéticamente, según sus nombres de pila) 

Para ir a 15x100, haz clic aquí