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7.7.08

Yanachaga-Chemillén

Este poco conocido Parque Nacional, establecido en 1986, ocupa 122,000 hectáreas en una cordillera aislada al este de los Andes, en la provincia de Oxapampa, de las cuales la mayor parte está restringido al acceso del público. Es refugio de vida silvestre del Pleistoceno, de una época en la que se dieron severos cambios climáticos, como lo demuestra la diversidad de flora y fauna que allí todavía se encuentra. Este alto bosque de neblina es el reino de helechos, bromeláceas, bambúes, musgos, líquenes y orquídeas. También de una gran diversidad de fauna (59 especies de mamíferos y 427 de aves), de la que, sin embargo no vimos casi nada. Supongo que uno ya tendría que pasarse varios días en el bosque para tener la suerte de avistar un oso de anteojos o un jaguar o un venado enano o siquiera un gallito de las rocas o un quetzal. Todos animales muy tímidos, por razones comprensibles en este país de depredadores. La trocha pegada a la escarpada ladera de la montaña es mínima, cubierta de raíces y musgo y sumamente resbalosa y, a veces, se confunde con uno de los cientos de riachuelos de agua helada y cristalina que baja de las alturas. Todo está saturado de humedad y se escucha un constante goteo, interrumpido aquí y allá con las voces extrañas de aves invisibles. A veces un rayo de sol penetraba el tupido bosque e iluminaba intensamente un fragmento de vegetación, o la vista se abría repentinamente y se veía retazos de cielo azul con nubes. La caminata duró 8 horas y ni siquiera llegamos a la cima, a un punto llamado Abra La Esperanza. Sea como fuere, valió absolutamente la pena.






























aquí un enlace

4.7.08

Oxapampa 3 El fotógrafo del pueblo


Uno de los negocios dispuestos alrededor de la Plaza me llamó poderosamente la atención por una cámara fotográfica del año de la pera que se exhibía en una vitrina. Era la tienda del fotógrafo vivo más antiguo de Oxapampa. Había llegado a estos lares cálidos en los años 5o desde la gélida ciudad de Cerro de Pasco para documentar gráficamente el crecimiento del pueblo. En el mostrador y en la pared detrás exhibía una serie de fotos blanco y negro de la época, muchos ya agujereados por la polilla.






Y cuando uno se daba la vuelta hacia el lado opuesto del mostrador, se topaba con los siguientes elementos:



2.7.08

Oxapampa 2

Los oxapampinos, como decía, son gente amable y segura de sí misma y siempre dispuesta a ayudar y conversar, sin jamás caer en el acoso, y se dejaban tomar fotos naturalmente, sin la menor señal de desconfianza o vergüenza. El único personaje antipático, por no decir, francamente odioso, fue el cura, quien nos mandó a rodar, cuando quisimos ver la iglesia por dentro (mi hermano tenía un interés arquitectónico por esta construcción totalmente revestida de madera), con las palabras tajantes, que ahí no había nada que ver. Y, en general, para una fotógrafa compulsiva como yo, esta villa albergaba cientos de motivos irresistiblemente exóticos y me resulta difícil hacer una selección.